sábado, 14 de abril de 2012

Capítulo 2.


 


Bien. ¿Cuáles son tus mejores amigos? Nómbrame tres, y descríbelos. 

Harry se seco las manos con el paño que colgaba del mesón y me miro. Está Logan, es alto y blanco, un poco rellenito, su cabello es negro y usa gafas. Agarro el cucharon para remover lo que estaba cocinando, y susurro aun de espaldas a mi—No seguiré con esto, parezco maricón describiendo a mis amigos. 

Solté una carcajada, y dije entre risas¡Oh vamos! El juego fue tu idea, por lo tanto no puedes arrepentirte. 

Al menos pasemos a otra pregunta que no me haga dudar de mi sexualidad. 

Okey. Del uno al diez, ¿Qué tal sexy crees que soy? 

Harry se volvió hacía mi, y pude ver como disfrutaba de esa pregunta. Me miro de arriba abajo, desnudándome nada más con la mirada. Me sentí cohibida ante él. La picardía saltó en sus ojos azules. Me puse colorada. 

Creo que no llegas ni a un tres. 

Oh. 

Puedo decir que quizás no noto mi decepción, por que siguió cocinando como si nada hubiera pasado. ¿Era un dos? ¿Enserio? ¿Qué estaba mal conmigo? Lo disimule también. Le toco preguntar esta vez.

¿Qué piensas estudiar en la universidad? Solo te falta un año, deberías saberlo. 

Estudiaré medicina.

Pero si odias la sangre…

Me sorprendió el hecho de que aún se acordara de eso, porque se lo había dicho hace mucho tiempo, pero solo respondí: No quiero ser doctora en sí. Quiero ser psiquiatra. 

El sonrió. Al menos tendré consultas gratis en unos años.

Reímos ruidosamente, mientras el sacaba los platos del estante para servir la comida.

¿Sigues tocando guitarra?

El me miró extrañado. –Sí, ¿por qué?

Quiero que esta noche toques algo. Sé que no trajiste tu guitarra, pero puedo prestarte la mía. Me la compraron hace un año.

Bueno… me toca. Se volteó hacia mí, y pregunto lo que temía. ¿Tienes novio?

Y allí me quebré. Todo lo que había tratado de ocultar hoy, o mejor dicho desde que desapareció Derek salió. Las lágrimas no paraban de salir de mis ojos. Harry se puso a mi lado y sin saber qué hacer exactamente, a lo que solo me abrazo cálidamente. Después de un par de minutos, me miro a los ojos y preguntó. ¿Qué sucedió?

No pude explicarle, por lo que corrí escaleras arriba sabiendo que me seguiría. Rebusque desesperadamente en los cajones de mi mesita de noche, y saque un pequeño álbum de fotos donde estaban los periodicos del día que desaparecio, fotos de nosotros y otras cosas. Se lo pase. Él lo miro por unos segundos, y después lo dejo a un lado en mi cama.

¿Derek era tu novio?

Yo asentí aun llorando.

—Lo siento tanto, Maya. ¿Por qué no me habías dicho nada?

No quería…que sintieras lástima por mí, ni arruinarte el viaje. ¿Sabes? El día que el desapareció, solo pude pensar en ti. Tú fuiste mi amigo por mucho tiempo, por lo que sabía que me entenderías y me ayudarías a buscarlo. Nunca perdí las esperanzas de encontrarlo, ni su hermana tampoco, pero sus padres y las demás personas sí. Me sentí sola. Pero no podía llamarte solo para eso. Así que pregunté donde vivías y espere que bajaras para hacer un encuentro casual. Reí sin ganas, y lo mire por primera vez a los ojos. Me miraba entre divertido y triste. Cuando lo digo en voz alta, suena realmente estúpido. Parezco una acosadora.

Por supuesto que noMe abrazo fuertemente, y beso mi coronilla como lo hacía Derek siempre. Solloce. ¿Quieres que toque tu canción favorita? Si es que lo sigue siendo después de todo este tiempo.

Sonreí tristemente. Claro que lo sigue siendo.

Le enseño donde está la guitarra, el la afina y comenzó la melodía de “Imagine”. Me recuesto a su lado, esperando el final de la canción pero esta nunca llega, ya que me quedo plácidamente dormida.

jueves, 5 de abril de 2012

Capítulo 1.


Me siento en uno de los tantos bancos de la estación. Sopeso la posibilidad de llamarlo, pero quizás apago su teléfono al montar en el tren. Debí ponerme otro abrigopienso un poco cabreada, por el frío que me pega de repente. El invierno sí que se hace notar. Miro hacia el piso y me cuesta respirar. Un periódico de hace tres meses descansa debajo de mis botas, y a pesar de lo mojado y sucio que está, leo perfectamente lo que dice el encabezamiento: 

DEREK JOSH, DESAPARECIDO. 

Aunque no me dejo llevar por el recuerdo, pequeños e irregulares sollozos salen de mis labios rojos. Lo extraño locamente. También siento una puntada de culpabilidad. El día que desapareció se dirigía a mi casa, para celebrar nuestro aniversario de cinco hermosos meses de relación. Nadie sabe que sucedió, así que simplemente dejaron de busca con el tiempo. Escucho un silbido que me hace salir de mi ensoñación. El tren de Harry ha llegado. Me apresuro a secar las pocas lágrimas que se me han escapado y me levanto. 

Harry sale de tercero. Sonrío. Ha cambiado un montón en estos cinco años, que casi ni le reconozco. El recoge su maleta y me saluda con la mano.  

¡Tanto tiempo, Harry! Veo que ya no eres el mocoso que conocí. 

El ríe sin esfuerzo. –Y tú por lo contrario, sigues siendo una enana odiosa. 

Pongo los ojos en blanco y me dirijo hacia el auto que mis padres me han dejado por esta semana. He logrado conseguir un permiso al menos. Aunque hay que reconocer, que mis padres y la mayoría de las personas que me rodean, me han estado tratando un poco diferente desde lo que ocurrió con Derek. Por esa simple razón, no le diré nada a Harry. No me gustaría que me tuviera lástima. 

¡Vaya! Este auto esta genial. ¿Es tuyo? 

¿Estás tonto? Claro que no, es de mi padre. Se han ido de vacaciones esta semana. 

Cuando terminar de montar su maletas, se acomoda en el asiento del copiloto al mismo tiempo que yo sé siento a su lado. No sabía que estaríamos solos. Me gustaría haber saludado a mis tíos. 

No es como si estuviéramos totalmente solos, Diana se queda por el día, que es la ama de llaves. respondo, ignorando su último comentario.

No hablamos mucho durante el camino, solo un montón de cosas sin importancia. El había empezado la universidad hace poco en España, con el mejor promedio. No me extrañaba, siempre había sido el nerd de la clase. También tenía un trabajo como cocinero en uno de los restaurantes más prestigiosos de allí. Prometió hacer su platillo especial en cuanto llegaran a casa. Ambos esquivamos un poco el tema de la infancia, lo dejaríamos para más tarde, cuando estuviéramos tan borrachos como para no recordar ni siquiera nuestros nombres. 

¡Diana!gritó en cuando atravesaron la puerta principal. No hubo respuesta. Juro en voz baja. Se debe haber ido temprano hoy, mañana te la presento. 

Harry asintió, y miro cada extremo de la casa con asombro. Pero que gustos tenéis vosotros. Tu casa es hermosa. 

Yo sonrío agradecida. Realmente  no congeniaba mucho con los gustos de sus padres por lo anticuados que eran, y la decoración de la casa era una de las pocas cosas en las que habíamos logrado ponernos de acuerdo. Mi mirada se dirigió a las escaleras, donde había un par de fotos de  Derek y yo divirtiéndose en la finca de sus abuelos hace cuatro meses y medio. Palidecí, pero lo disimule muy bien.  

¿Quieres esperarme en la cocina? Yo subiré tu maleta. 

¿Necesitas ayuda con eso? 

No, pero gracias. 

Cuando Harry desapareció por el umbral de la cocina, corrí a recoger las fotos y las escondí en el armario de mi habitación. ¿Cómo podía haberlas olvidado allí? Si las perdía, no me lo perdonaría. Eran las fotos más recientes que tenia con Derek, para no decir las únicas. Coloque la maleta de Harry en la habitación de mis padres, y dando un par de respiraciones tranquilas, bajé. 

Harry ya había empezado a cocinar. Huele delicioso. ¿Pero no estás un poco cansado para cocinar? Puedes hacerlo más tarde, o mañana. 

Prometí hacerte mi especialidad en cuando llegáramosBusco un par de tomates en la nevera, y me miro algo apenadoY la verdad…estoy un poco hambriento. 

Reí ante su expresión. No hay problema. 

—Te diré que. Para ponerme al corriente otra vez de tu vida y tú de la mía, juguemos a las veinte preguntas, ¿te parece?

Me senté en el sofá y lo mire con una ceja levantada. ¿No es eso infantil para un universitario? 

Nunca se es demasiado viejo para las veinte preguntas, Maya. 

Cuando mi nombre salió de sus labios, Me estremecí. El hacía que sonara hasta sexy. Quise que lo volviera a hacer, pero en vez de eso le seguí el juego.