jueves, 5 de abril de 2012

Capítulo 1.


Me siento en uno de los tantos bancos de la estación. Sopeso la posibilidad de llamarlo, pero quizás apago su teléfono al montar en el tren. Debí ponerme otro abrigopienso un poco cabreada, por el frío que me pega de repente. El invierno sí que se hace notar. Miro hacia el piso y me cuesta respirar. Un periódico de hace tres meses descansa debajo de mis botas, y a pesar de lo mojado y sucio que está, leo perfectamente lo que dice el encabezamiento: 

DEREK JOSH, DESAPARECIDO. 

Aunque no me dejo llevar por el recuerdo, pequeños e irregulares sollozos salen de mis labios rojos. Lo extraño locamente. También siento una puntada de culpabilidad. El día que desapareció se dirigía a mi casa, para celebrar nuestro aniversario de cinco hermosos meses de relación. Nadie sabe que sucedió, así que simplemente dejaron de busca con el tiempo. Escucho un silbido que me hace salir de mi ensoñación. El tren de Harry ha llegado. Me apresuro a secar las pocas lágrimas que se me han escapado y me levanto. 

Harry sale de tercero. Sonrío. Ha cambiado un montón en estos cinco años, que casi ni le reconozco. El recoge su maleta y me saluda con la mano.  

¡Tanto tiempo, Harry! Veo que ya no eres el mocoso que conocí. 

El ríe sin esfuerzo. –Y tú por lo contrario, sigues siendo una enana odiosa. 

Pongo los ojos en blanco y me dirijo hacia el auto que mis padres me han dejado por esta semana. He logrado conseguir un permiso al menos. Aunque hay que reconocer, que mis padres y la mayoría de las personas que me rodean, me han estado tratando un poco diferente desde lo que ocurrió con Derek. Por esa simple razón, no le diré nada a Harry. No me gustaría que me tuviera lástima. 

¡Vaya! Este auto esta genial. ¿Es tuyo? 

¿Estás tonto? Claro que no, es de mi padre. Se han ido de vacaciones esta semana. 

Cuando terminar de montar su maletas, se acomoda en el asiento del copiloto al mismo tiempo que yo sé siento a su lado. No sabía que estaríamos solos. Me gustaría haber saludado a mis tíos. 

No es como si estuviéramos totalmente solos, Diana se queda por el día, que es la ama de llaves. respondo, ignorando su último comentario.

No hablamos mucho durante el camino, solo un montón de cosas sin importancia. El había empezado la universidad hace poco en España, con el mejor promedio. No me extrañaba, siempre había sido el nerd de la clase. También tenía un trabajo como cocinero en uno de los restaurantes más prestigiosos de allí. Prometió hacer su platillo especial en cuanto llegaran a casa. Ambos esquivamos un poco el tema de la infancia, lo dejaríamos para más tarde, cuando estuviéramos tan borrachos como para no recordar ni siquiera nuestros nombres. 

¡Diana!gritó en cuando atravesaron la puerta principal. No hubo respuesta. Juro en voz baja. Se debe haber ido temprano hoy, mañana te la presento. 

Harry asintió, y miro cada extremo de la casa con asombro. Pero que gustos tenéis vosotros. Tu casa es hermosa. 

Yo sonrío agradecida. Realmente  no congeniaba mucho con los gustos de sus padres por lo anticuados que eran, y la decoración de la casa era una de las pocas cosas en las que habíamos logrado ponernos de acuerdo. Mi mirada se dirigió a las escaleras, donde había un par de fotos de  Derek y yo divirtiéndose en la finca de sus abuelos hace cuatro meses y medio. Palidecí, pero lo disimule muy bien.  

¿Quieres esperarme en la cocina? Yo subiré tu maleta. 

¿Necesitas ayuda con eso? 

No, pero gracias. 

Cuando Harry desapareció por el umbral de la cocina, corrí a recoger las fotos y las escondí en el armario de mi habitación. ¿Cómo podía haberlas olvidado allí? Si las perdía, no me lo perdonaría. Eran las fotos más recientes que tenia con Derek, para no decir las únicas. Coloque la maleta de Harry en la habitación de mis padres, y dando un par de respiraciones tranquilas, bajé. 

Harry ya había empezado a cocinar. Huele delicioso. ¿Pero no estás un poco cansado para cocinar? Puedes hacerlo más tarde, o mañana. 

Prometí hacerte mi especialidad en cuando llegáramosBusco un par de tomates en la nevera, y me miro algo apenadoY la verdad…estoy un poco hambriento. 

Reí ante su expresión. No hay problema. 

—Te diré que. Para ponerme al corriente otra vez de tu vida y tú de la mía, juguemos a las veinte preguntas, ¿te parece?

Me senté en el sofá y lo mire con una ceja levantada. ¿No es eso infantil para un universitario? 

Nunca se es demasiado viejo para las veinte preguntas, Maya. 

Cuando mi nombre salió de sus labios, Me estremecí. El hacía que sonara hasta sexy. Quise que lo volviera a hacer, pero en vez de eso le seguí el juego. 

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